Homotoxicología PDF Imprimir E-mail
Lunes, 14 de Junio de 2010 22:55
La movilización de la defensa se realiza al nivel necesario para conseguir el objetivo, que en la mayoría de los casos es la eliminación de la homotoxina y su actividad interactiva negativa con la célula y con su entorno, y la restauración de la homeostasis.
La mayoría de las reacciones del sistema de defensa están orientadas, pero se pueden producir reacciones inadecuadas (no orientadas) que generan
enfermedades por sí mismas. Por ejemplo, las enfermedades autoinmunes son una reacción inadecuada del sistema de defensa.
El sistema inmunitario ataca a los tejidos propios, que en condiciones normales serían tolerados y no atacados. Ocurre lo mismo en reacciones alérgicas como la fiebre del heno. La reacción del sistema de defensa no guarda relación con el riesgo del agresor (el polvo o el polen) y, por lo tanto, no está orientada.
El mecanismo de defensa está ahí para proteger al organismo de la agresión tóxica. No es sólo funcional cuando el antígeno está atacando al sistema. El mecanismo de defensa debe ser un sistema en espera en todo momento. De esta manera, si se altera la homeostasis puede activar la respuesta adecuada, ya sea inmunitaria, hormonal o enzimática, etc… Sólo estando en espera y alerta todo el tiempo es posible una defensa eficaz y orientada. El fallo del sistema producirá una intoxicación.
Los mecanismos reguladores están muy controlados mediante sistemas de retroalimentación positivos y negativos.
El bloqueo o la derivación de estos sistemas de retroalimentación impedirá la regulación y producirá enfermedades crónicas.
 
Diferenciamos entre homotoxinas endógenas y exógenas.
Las homotoxinas exógenas son sustancias que por definición ya son tóxicas para el organismo humano en ciertas situaciones.  Algunas de ellas son bien conocidas (tabaco, alcohol, drogas/fármacos de muchas maneras), otras son menos conocidas (sustancias aromáticas, colorantes, edulcorantes alimentarios) y otras no son conocidas en absoluto (cadmio, evaporación de pegamentos, gases, radiaciones...).
Las homotoxinas endógenas se crean en el propio cuerpo. La mayoría son productos intermediarios o de desecho de procesos metabólicos (p. ej., CO2). Otras homotoxinas endógenas son la consecuencia de un desequilibrio de la secreción hormonal (p. ej., estrógeno/progesterona), la inhibición o la ausencia de un mediador o de la secreción de una sustancia intermediaria (p. ej., insulina en la diabetes, serotonina en la depresión) o de su recaptación acelerada (p. ej., concentraciones bajas de serotonina en la depresión) o, justo al contrario, el aumento de la estimulación repetida por un aporte exagerado de mediadores (p. ej., hormona tiroidea en la disfunción hipertiroidea).
Es esencial la actividad de interferencia o de bloqueo de la homotoxinas sobre el funcionamiento normal de los sistemas orgánicos o de los sistemas activadores o reguladores (sistema hormonal, sistema nervioso...)
En el siglo XIX el histólogo francés Claude Bernard elaboró la terminología “terreno interno” o medio interno. Se estaba refiriendo al entorno directo de la célula, tanto estructural como fisiológico. La calidad de vida de la célula se relaciona directamente con la pureza de su entorno directo, porque ésta es la zona de la que toma su alimento y su energía y en la que deposita sus productos de desecho.
 
Incluso Louis Pasteur, el descubridor de los microorganismos en la medicina moderna, se refirió a Claude Bernard cuando mencionó que una infección bacteriana está más relacionada con una modificación del medio interno del paciente que con la presencia de una bacteria o de otro microorganismo.
La bacteria no es la causa de una infección bacteriana, sino que el medio interno del paciente se convierte en un medio de cultivo que favorece la proliferación del microorganismo. Por este motivo los antibióticos, desde este punto de vista, no son el tratamiento causal de todos los pacientes (terreno individual) de la misma manera. En un terreno muy bueno un antibiótico puede ser un tratamiento puramente sintomático dado que no hubiera sido necesario administrarlo.
Los antibióticos inhiben directamente la proliferación de las bacterias. El tratamiento causal sería limpiar el terreno de tal forma que se convirtiera en un medio poco nutritivo para las bacterias y se inhibiera su proliferación por privación. Esto favorece al sistema de defensa, que con la misma demora debe eliminar menos agresores y, sobre todo, un terreno limpio y exacto dará menos probabilidad para la recurrencia. Continúa
Última actualización el Lunes, 14 de Junio de 2010 23:59
 
Contacto

 

Llámenos
(+57)(5)(358 5914)
 
(+57)(312 3566147)

 

Change language

Bookmark and Share

Contador de Visitas

contador de visitas